En un caso que ha conmocionado a la opinión pública británica, Adrian Poulton, un hombre de 56 años con síndrome de Down, falleció tras ser privado de alimentación durante nueve días en el Hospital Poole, en Inglaterra.

El incidente, ocurrido en 2021 pero reportado recientemente por ITV News en octubre de 2025, revela graves fallos en el sistema sanitario público británico.
Adrian ingresó al hospital por una fractura de cadera tras sufrir una caída. Aunque su lesión estaba en proceso de recuperación, fue incorrectamente clasificado como paciente «nil by mouth» (nada por boca) por los médicos durante su estancia hospitalaria. Esta negligencia provocó que no recibiera ningún tipo de alimentación durante nueve días consecutivos, lo que eventualmente causó su muerte por inanición el 28 de septiembre de 2021, apenas dos semanas después de su ingreso.
El padre de Adrian, David Poulton, expresó su dolor y confusión ante lo sucedido: «No siendo médicos, naturalmente pensamos que estaba recibiendo nutrición, algún tipo de alimentación. Pero resulta que lo estaban matando de hambre». Por su parte, Lesley, hermana de Adrian, describió los últimos momentos de su hermano con desgarradoras palabras: «Estaba realmente enfermo. Me miró a mí y a papá… Me dijo: ‘Lesley, no quiero morir’. Él sabía que iba a morir. Fue simplemente horrible».
Este trágico caso pone de manifiesto las deficiencias del Servicio Nacional de Salud (NHS) de Inglaterra, financiado con fondos públicos, que fue incapaz de percatarse de que un paciente estaba muriendo de hambre ante sus ojos. La situación ha generado un intenso debate sobre la calidad de la atención en los sistemas de salud socializados, donde los pacientes pueden ser vistos como meros números dentro del gran esquema estatal.
El caso de Adrian Poulton no es un incidente aislado en los sistemas de salud públicos. En 2020, anticipándose a una oleada de pacientes por COVID-19, el sistema sanitario canadiense permitió que 35 personas fallecieran al posponer cirugías para despejar la agenda quirúrgica. Irónicamente, la esperada avalancha de pacientes con coronavirus nunca llegó, pero más de 50.000 operaciones y tratamientos fueron aplazados. La entonces Ministra de Salud, Christine Elliot, comentó sobre estos hechos: «Eso no es algo que ninguno de nosotros quiera escuchar. Ciertamente no fue intencional. Cualquier muerte es una tragedia».
Los críticos del modelo socializado de atención médica señalan que, si bien el sistema de salud estadounidense presenta numerosos problemas, un sistema completamente estatal podría estar aún más lejos de ser la solución ideal. Como evidencia, apuntan que las masas necesitadas y perseguidas no aspiran a emigrar a países como China, Corea del Norte o Venezuela, sino que huyen hacia Estados Unidos, a pesar de ser considerado por algunos como el epicentro de la desigualdad y la opresión.
La historia del siglo XX ofrece ejemplos alarmantes de los peligros de confiar plenamente en el Estado para aspectos fundamentales como la alimentación y la medicina. Uno de los casos más devastadores fue el «Gran Salto Adelante» de Mao Zedong, que según la organización End Genocide Now causó la muerte por inanición de 40 millones de personas. Estos antecedentes plantean serias dudas sobre la conveniencia de entregar al Estado el control total sobre servicios esenciales para la vida humana….
Fuente: www.razonmasfe.com