Cuando el síndrome de Down y un covid circunstancial habitan a una niña

En la localidad de Luque, ubicada a 100 km de la ciudad de Córdoba, en la mañana soleada del 1º de noviembre cada hogar de los luqueses recibió una noticia triste para los ciudadanos. Julieta, una niña pequeña con síndrome de Down, había contraído coronavirus.

Durante el almuerzo, ni en la radio ni en el programa de televisión del pueblo dieron algún comunicado sobre los infectados de la semana. Sin embargo, ya en todos los rincones del pueblo se había hablado sobre lo sucedido con Julieta.

Luque se caracteriza por ser un pueblo donde el compañerismo abunda, donde la convivencia siempre es mucho más estrecha y cercana, donde todos se conocen entre todos. Es por ese motivo que cada persona se afligió por la situación y pensó en los padres. Sin embargo, la abundante desinformación que circulaba al entrar a cada negocio, al ingresar a cada red social o al charlar con algún vecino había provocado una innumerable cantidad de rumores y malos entendidos sobre lo que estaba ocurriendo.

Al ingresar al kiosco “Del equina”, compraba la abuela de Julieta, la querida “Peti”, como le llaman las personas del barrio. Ella saludó muy simpática y en diálogo breve con El Aspirante, se le preguntó cómo estaba su nieta. La sonrisa amplia que llevaba en su rostro se desvaneció y en sus ojos celestes invadieron las lágrimas. “Yo tengo fe de que pronto todos van a salir de esta situación. Con Juli hablamos todos los días por videollamada. Ella vive en mi casa y en estos días la extraño un montón”, contó Patricia, con un tono que transmitía una ligera tranquilidad a los que se encontraban a su alrededor.

Luego otra clienta, añadiendo a lo que ella había comentado,  dejó de buscar entre la variedad de galletas y habló sobre su hija Ludmila, quien  padece síndrome de Rett, y comentó sobre los estrictos cuidados que en su casa cumplen debido al actual virus. Encaminando así el tema hacia la poca información que brindan, desde las instituciones y medios de comunicación, sobre el cuidado o las complicaciones en las personas con discapacidad.

La kiosquera dejó de cortar el fiambre para la clienta que estaba atendiendo y coincidió con lo mencionado. Los temas que perseguían en el kiosco solo eran de relatos con resultados positivos de familiares o amigos que habían contraído este virus.

Mientras el sol caía, en el camino se podía observar la presencia de niños jugando en los toboganes, hamacas y pasamanos de la plaza Hernán Vino o como la llaman cariñosamente, “La plazoleta de los niños”. A su vez,  los adultos que se encontraban en el lugar todo el tiempo se acomodaban y subían el barbijo al conversar, parecía molestarles; sin embargo, no era una opción quitárselo a pesar del calor del clima primaveral.

Al llegar la noche, un vídeo con un comunicado, había llegado a las manos de todos los vecinos del pueblo. Era un mensaje de los padres de Julieta que agradecían por la cantidad de mensajes de aliento y preocupación por la pequeña, y un mensaje de tranquilidad para todos los habitantes. “Ella tiene pocos síntomas, tuvo un síndrome febril  y una rinofaringitis pero leve. Hoy se está recuperando normal y el médico dijo que hasta el momento no necesita  ningún tipo de tratamiento especial “, relató Miriam, la madre de la niña contagiada…..

 

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Fuente: elaspirante.com.ar (Brisa Puig)


 


 

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