Ignacio Soler y las pinceladas que le dieron autonomía a su vida

 Tiene síndrome de Down y es artista plástico demostrando que con apoyo se puede lograr inclusión en el mundo artístico y laboral.

La muestra de Ignacio en el Centro Cultural, un espacio lleno de colores

El joven de Las Varillas expone sus obras en el Centro Cultural San Francisco. Recorriendo su muestra se puede entender la importancia de la estimulación temprana, del apoyo familiar y profesional y la inclusión.

Cuadros que muestran pinturas abstractas, de la naturaleza, rostros, superhéroes y deportistas, llenan los ojos de colores e invitan a recorrer el salón de exposiciones en el Centro Cultural San Francisco donde se encuentra la muestra de Ignacio Soler, un joven de Las Varillas con síndrome de Down.

Ignacio tiene 25 años y demuestra que las personas con su condición pueden lograr inclusión en el mundo artístico y laboral. Estimulado y apoyado por sus padres y su familia, desde pequeño mostró interés por mover los hilos de su propia vida y hoy ha logrado transitar cada camino con gran autonomía.

La inclusión de quienes tienen síndrome de Down en los ámbitos educativos y laborales aumenta las posibilidades para las personas, además de ser beneficiosa para toda la sociedad.

Cuando tenía 12 años dijo que quería “ser pintor de cuadros”, aunque la motricidad fina es lo que más le cuesta por su condición, se esforzó y con el apoyo de sus padres y un profesor de arte logró afinar sus líneas.

A los 15 años fundó el Taller de Arte y Pintura “Pinceladas del Alma” en Las Varillas y en 2017 hizo su primera exposición que llevó el nombre “Los 7 colores de la Primavera”. Ignacio fabrica sus propios bastidores, pinto los cuadros y los vende, todo esto le brinda autonomía en su vida mientras sigue trabajando intensamente por la inclusión en el mundo del arte.

“Mi sueño en la vida es llegar a ser un artista famoso por mis obras de arte y pinturas, ojalá que algún día se me dé. El amor no sabe contar cromosomas, no soy Down, tengo síndrome de Down”, aseguró el joven artista en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.

Aseguró que el dibujo y la pintura lo ayudaron mucho con su condición ya que tenía poca motricidad fina. “Asistí a diferentes talleres de dibujo y pintura siempre estoy interesado por aprender más”, dijo.

“Para mi pintar es una terapia, me hace bien -remarcó-. Me gusta pintar un poco de todo, hago abstracciones y también muchas caras y ojos porque quiero que la gente me vea. Todas las personas con síndrome de Down o alguna discapacidad tienen diferentes talentos y pueden hacer lo que quieran”.

Al dejar un mensaje a las familias que tienen un hijo o hija con síndrome de Down, Ignacio dijo: “Se puede, ese es el mensaje, siempre hay oportunidades para aprender. No se debe discriminar ni hacer bullying a los demás y es importante que la sociedad lo entienda”.

 

En acción. “Pintar me hace bien”, asegura.

 

“Tengo unos padres de acero”

Quienes tienen síndrome de Down no están condicionados para desarrollar su vida pero sí necesitan apoyo adicional para lograr algunos objetivos. Para eso, es importante dar una estimulación temprana lo antes posible y para Ignacio, el apoyo de sus padres, familia y amigos es fundamental.

“Tengo unos padres de acero, ellos lucharon mucho por mí, para sacarme adelante. Me llevaron a todos lados, colegios, instituciones para darme las herramientas necesarias para que yo sea alguien en la vida y pueda manejarme solo”, contó emocionado.

Agregó: “Es impresionante todo lo que hicieron mis padres conmigo, lograron aprender cómo se maneja un hijo con síndrome de Down. Ellos estudiaron porque al principio no sabían nada y era muy difícil. Cualquier familia puede tener un hijo con esta condición. Me siento muy agradecido a Dios y siento mucho orgullo de tener la familia que tengo, porque siempre me apoyaron”.

 

“Mi sueño en la vida es llegar a ser un artista famoso por mis obras de arte y pinturas, ojalá que algún día se me dé. El amor no sabe contar cromosomas, no soy Down, tengo síndrome de Down”

Además de trabajar en su taller, Ignacio también atiende un carrito de comidas los fines de semana junto a su amigo Gustavo Venecia. “Con Gustavo que es mi amigo y mi hermano -que me hace muy feliz- hago comida mexicana, Shawarma y vegetariana. Vamos a todo tipo de eventos”, contó.

“Agradezco a mis padres, mi familia, al director de Cultura de San Francisco Gabriel Quaranta, al director de Cultura de Las Varillas, Emanuel Hernández que fue mi profesor de arte, al legislador Ramón Giraldi, a las instituciones de ambas ciudades y a todos los que me apoyan para seguir adelante”, finalizó.

Un orgullo

Cuando nació Ignacio, Raquel Peralta y Eduardo Soler enfrentaron el miedo y la incertidumbre ante el diagnóstico de sindrome de Down pero no se dieron por vencidos y hoy con orgullo ven cómo sale adelante con su emprendimiento.

 

“Tengo unos padres de acero, ellos lucharon mucho por mí, para sacarme adelante. Me llevaron a todos lados, colegios, instituciones para darme las herramientas necesarias para que yo sea alguien en la vida y pueda manejarme solo”.

 

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Fuente: www.lavozdesanjusto.com.ar (Isabel Fernández)
 


 

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