Sedentarismo en las personas con síndrome de Down

Sedentarismo en las personas con síndrome de Down

Existe una idea generalizada de que las personas con síndrome de Down, en general, mantienen una conducta sedentaria en mayor grado que el resto de la población, y también mayor que en personas con otro tipo de discapacidad intelectual. Incluso se admite que esa conducta puede ser causa de, o agravar, algunas de las comorbilidades que acompañan a dicho síndrome.

 

Ofrecemos el resumen de un artículo que analiza de manera sistemática y pormenorizada los principales estudios realizados de manera solvente en los últimos años sobre este tema. El análisis ha sido llevado a cabo por S. Agiovlasitis, P. Choi, A.T Allred, J. Xu y R.W Motl, y publicado con el título Systematic review of sedentary behaviour in people with Down syndrome across the life span: a clarion call en la revista Journal of Applied Research on Intellectual Disabilities. 2019;00:1-14. https://doi.org/10.1111/jar.12659.  A continuación se exponen los datos más relevantes de este análisis.

Se define la conducta sedentaria como cualquier conducta durante las horas de vigilia que suponga un gasto energético de no más de 1,5 Equivalentes Metabólicos (MET). 1 MET es la media del valor del metabolismo basal en reposo. Esa conducta se aprecia en diversos contextos: en la casa, el trabajo, la escuela, el descanso, el transporte. Y si su nivel es alto aumenta el riesgo de mortalidad, problemas cardiovasculares, obesidad y diabetes tipo 2, con independencia de que se realice ejercicio físico de tipo moderado-alto. Reducir la conducta sedentaria a base de superar ese gasto energético medio, en cambio, puede reducir los riesgos de salud.

La conducta sedentaria de una persona se mide mediante la observación directa, o por los informes propios o de su acompañante, o mediante instrumentos sensores que registran movimientos. Cada método tiene sus ventajas e inconvenientes. En la actualidad los acelerómetros son los instrumentos más utilizados porque demuestran tener mayor validez, aunque tienen sus limitaciones: son más caros, no ofrecen información sobre el contexto en el que el individuo se maneja, y puede equivocarse al considerar el estar de pie como conducta sedentaria.

La realidad es que los niveles de conducta sedentaria en la población general, tanto en jóvenes como en adultos, son muy elevados en todo el mundo, y en particular los adultos pasan la mayor parte de su tiempo de vigilia en forma sedentaria. De hecho, el nivel va aumentando conforme pasan de la juventud a la adultez. Los datos de que disponemos indican que el joven con síndrome de Down tiene niveles de sedentarismo incluso mayores que los del joven de la población general, pero los datos en adultos son muy escasos. Pero los perfiles físicos y psicosociales  de una persona con síndrome de Down, así como sus condiciones de vivienda o residencia y sus grado de integración en la comunidad pueden impactar sobre su conducta sedentaria.

De acuerdo con todo ello, los autores firmantes decidieron indagar sobre diversos aspectos de la conducta sedentaria en la población con síndrome de Down, tal como queda reflejada en los principales trabajos de investigación que se han publicado hasta la fecha. Para ello realizaron una búsqueda previa en todas las bases de datos, con el fin de recopilar toda la bibliografía internacional publicada en inglés desde enero de 1990. Los artículos recogidos fueron leídos y sometidos a criterios de evaluación y selección rígidamente controlados. La realidad fue que  de los 4.071 artículos inicialmente recogidos, sólo 17 cumplieron los criterios de elegibilidad; todos ellos publicados a partir del año 2.006. Provinieron de Estados Unidos (7), España (6), Reino Unidos (2), Australia (1), Noruega (1). Doce se habían realizado en jóvenes (entre 3 y 20 años), 3 en adultos (entre 18 y 90 años, pero la cifra de edad no es segura porque incluían adultos con otros tipos de discapacidad intelectual y no concretaron la edad de quienes tenían SD), y dos con información algo dudosa. Aplicando puntuaciones de calidad a los trabajos seleccionados (de 0 a 1), la puntuación media fue de 0,85±0,07 (entre 0,69 y 0,95). De los 17 trabajos, 12 usaron acelerómetros de diversas clases, con distintos umbrales de cuentas/minuto para establecer una conducta sedentaria, y durante diversos periodos de tiempo;  5 utilizaron cuestionarios.

Variaron los periodos de conducta sedentaria entre los distintos estudios. Debe señalarse que las características de evaluación fueron muy diferentes entre unos y otros. En conjunto, al combinar los resultados de todos los que usaron acelerómetros, fue de 552 min/día (9 h y 6 m/día, con una mediana de 542 min/día y una horquilla entre 392 y 680 min/día). El tiempo sedentario medio en los jóvenes fue de 550 min/día (mediana de 542 min/día y horquilla entre 441 y 680 min/día). El único estudio que utilizó acelerómetro en adultos con síndrome de Down dio un resultado de 392±12 min/día. Hay un trabajo en el que se apreció que el 52% de adultos con SD veía la televisión durante ≥ 4 horas al día.

No queda claro si la conducta sedentaria de las personas con síndrome de Down difiere de quienes no presentan discapacidad. En 3 estudios no se apreció una diferencia significativa entre jóvenes con síndrome de Down y jóvenes sin discapacidad, mientras que en otros 2 se apreció mayor conducta sedentaria en el grupo de jóvenes con síndrome de Down.

Son también conflictivos los datos comparativos entre la población con síndrome de Down y la que presenta otro tipo de discapacidad intelectual . En un estudio con edades entre 12 y 64 años, quienes tenían síndrome de Down mostraron mayor conducta sedentaria que quienes no lo tenían. En otro, jóvenes obesos con síndrome de Down tenían mayor conducta sedentaria que jóvenes con el síndrome de Prader-Willi. Pero en otro estudio, personas con síndrome de Down entre 16 y 45 años mostraron menor tiempo sedentario que otras de similar edad con síndrome de Williams o de Prader-Willi. Igualmente, en un último estudio se vio que adultos con síndrome de Down mostraban menor conducta sedentaria que los que tenían otros tipos de discapacidad intelectual.

En algún estudio, la enseñanza y entrenamiento directo de una actividad física (concretamente andar en bicicleta) redujo el tiempo de conducta sedentaria.

No resultó posible determinar causas de la conducta sedentaria. A lo más, pudieron detectarse algunas posibles relaciones. Por ejemplo, un estudio analizó qué variables podrían tener relación con el tiempo de visión de la televisión o con el tiempo sedentario. En el caso de la televisión, el tiempo de visión de la persona con síndrome de Down guardaba relación con el tiempo que dedicaban sus padres a verla, con el tiempo que estaba viéndola junto con sus padres, con el mayor número de comidas en las que la TV estaba encendida, con el mayor tiempo pasado dentro de casa durante el fin de semana. En el caso del tiempo sedentario, guardaba relación con la mayor edad de la madre, o con un menor grado de paseos con familiares. Curiosamente, ese estudio apreció que el tiempo sedentario del hijo con síndrome de Down era mayor cuanto mayor era la actividad de la madre en casa; los autores lo interpretaron en el sentido de que cuanto más ocupada estaba la madre, más conducta sedentaria mostraba el hijo. No se pudo obtener conclusiones en conjunto sobre la influencia que pudo tener la edad, o el peso corporal, el estado en forma, el grado de actividad física, el grado de independencia. Es muy posible que con más datos obtenidos con personas con síndrome de Down de edad avanzada, se pueda comprobar que su conducta sedentaria sea necesariamente mayor que en edades anteriores, debido a las mayores comorbilidades que les acompañan.

 

COMENTARIO

Este estudio indica las dificultades que existen al valorar de manera objetiva la conducta sedentaria, y establecer causas y relaciones sobre su presencia. De manera intuitiva podemos pensar que todo lo que sea mantenerla diariamente por debajo de un límite establecido ha de resultar contraproducente para el bienestar físico del individuo. Pero no debemos olvidar cuántas actividades valiosas en sí mismas para el crecimiento personal, tan necesarias en la situación de discapacidad intelectual, se hacen en posición sentada o de reposo: leer, conversar en una entrevista o tertulia,  escribir o pintar, ver una película entretenida, trabajar en el aula, desarrollar una labor sedentaria en su puesto de trabajo ordinario, son actividades valiosas para una persona con síndrome de Down. Por eso, la programación de una jornada ―diaria o semanal― deberá evaluar tipos de actividades sedentarias útiles y necesarias , y tiempos de actividad física indispensables para mantener el equilibrio metabólico exigible.

Será recomendable que esa programación se ajuste a las características personales y contextuales del individuo: edad, ocupación escolar o laboral, ambiente familiar, capacidades y preferencias, para que el resultado final sea equilibrado y armónico.

 

ANEXO

Al mismo tiempo que ha aparecido el estudio anterior, ha sido publicado otro trabajo en el que se analiza la actividad física de los padres de hijos con síndrome de Down. El artículo se titula : Physical activity among parents of children with and without Down syndrome: National Health Interview Survey, realizado por K. M. Díaz y publicado en el Journal of Intellectual Disability Research. 2019. doi: 10.1111/jir.12680. Ofrecemos también su resumen.

Se ha descrito que los padres de hijos con discapacidad intelectual suelen gozar de peor salud que los padres de hijos con desarrollo ordinario.  Algunos piensan que como los padres de un niño con síndrome de Down dedican más tiempo a la atención a su hijo, pueden tener  poco tiempo o energía en emplearse en conductas más sanas como es la actividad física. Es un tema que no se ha abordado y que tiene su importancia dada la influencia positiva del ejercicio físico sobre la salud, incluida la mental. El presente estudio de carácter poblacional trata de examinar las diferencias en la inactividad física entre los padres de hijos con y sin síndrome de Down, incluidos hijos con desarrollo ordinario y los que tienen otros problemas de desarrollo.

Los datos fueron conseguidos a partir de 11 encuestas anuales (2005-2016) del National Health Interview Survey (NHIS), administrado por el National Center for Health Statistics, en el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Todos los datos fueron recogidos mediante cuestionarios en entrevistas personales. A partir de 452.834 adultos elegibles, se obtuvieron361.258 entrevistas del NHIS. Se excluyeron 257.898 adultos sin niños y 874 por otras causas. Al final el total de participantes fue de 102.486. En función de las características de los hijos, se seleccionaron cinco grupos de padres: 1) desarrollo ordinario (n=87.943), 2) síndrome de Down (n=150), 3) discapacidad del desarrollo con alto impacto funcional (autismo, parálisis cerebral, trastorno visual o auditivo) (n=2.143), 4) discapacidad  intelectual o del desarrollo sin síndrome de Down y sin alto impacto funcional (3.403), y 5) otras alteraciones no incluidas en las anteriores (8.847).

Se valoró la actividad física de los padres mediante dos grupos de preguntas que valoraban la frecuencia y la duración de la actividad física ―intensa o ligera/moderada― por semana durante el tiempo de ocio. Se valoró la frecuencia con preguntas relacionadas con la intensidad: «¿Con qué frecuencia realiza actividades físicas intensas en tiempo de ocio durante al menos 10 minutos que le hagan sudar a fondo o aumentar ampliamente su frecuencia cardíaca o su respiración?» Y «¿Con qué frecuencia realiza actividades físicas ligeras/moderadas  en tiempo de ocio durante al menos 10 minutos que le hagan sudar sólo un poco o aumentar ligera/moderadamente su frecuencia cardíaca o su respiración?». Se valoró la duración con la pregunta: «¿Cuánto duraban aproximadamente estas actividades cada vez?». La inactividad física en código binario (sí/no) se definió cuando el participante respondió 0 minutos por semana para cualquier actividad física de las señaladas anteriormente (intensa o ligera/moderada).

Los padres de hijos con síndrome de Down eran algo mayores de edad y en conjunto mostraron un mayor número de comorbilidades y limitaciones funcionales, en comparación con los demás grupos. La falta de actividad física, tal como se ha definido anterior mente, fue apreciada en el 47,7% de los padres de hijos con síndrome de Down; 36,0% en el grupo de padres con hijos con desarrollo ordinario; 36,4% en el grupo de padres con hijos con discapacidad de alto impacto funcional;  36,3% en el grupo de padres con hijos con discapacidad de bajo impacto funcional; y 36, 8 en el grupo de padres con hijos con otras necesidades de salud.

En todas las comparaciones entre el grupo síndrome de Down y los demás grupos, la probabilidad de que los padres de hijos con síndrome de Down mostraran inactividad física fue siempre significativamente mayor que en las de los demás grupos….

 

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Fuente: www.downciclopedia.org


 


 

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