Todas las personas con Síndrome de Down no somos iguales, cada uno tenemos nuestra personalidad

Esta joven de 26 años está orgullosa de poder tomar sus propias decisiones, y resalta la importancia del respeto y la empatía para garantizar una convivencia sana en la sociedad.

Ángela Castaño.Fundación Down Zaragoza

Es muy posible que, si algún día haces la compra en el Supermercado de El Corte Inglés de Sagasta, te encuentres a esta joven reponiendo carros y bolsas a la entrada. Se llama Ángela Castaño y le encanta su trabajo. De hecho, antes estaba en el departamento de Recursos Humanos, pero decidió cambiar, porque prefería estar más en contacto con la gente.

“Me considero sensible, abierta, sociable, empática y cariñosa”. La joven empieza la entrevista con mucha prudencia, pero pronto se sacude la vergüenza y se muestra dispuesta a compartir su historia. “A veces me pongo nerviosa, pero no me importa hablar. Me encanta, ¡es lo más!”. Junto a ella se sienta Lourdes Roda, directora del Centro de Adultos de la Fundación Down Zaragoza, que se ha prestado a acompañarnos y orientarnos durante la conversación.

“Las personas con Síndrome de Down tenemos cosas diferentes, pero no sé cómo explicarlo bien con mis propias palabras”, duda al principio. Pero medita un poco y pronto se muestra más resuelta: “Yo no creo que el Síndrome de Down sea una enfermedad. Nosotros no estamos enfermos. Cuando nacemos, tenemos otro cromosoma más y es lo que nos produce el síndrome. Nos cuesta un poco razonar las cosas y todo esto. Antes de hacer las cosas, tengo que pensar lo que tengo que hacer. Pero aún así soy una chica normal, como todo el mundo”. Y, añade, hay algo que quiere aclarar: “Todas las personas con Síndrome de Down no somos iguales, cada uno tenemos nuestra personalidad. Y eso es todo, más o menos”.
“Yo no creo que el Síndrome de Down sea una enfermedad. Nosotros no estamos enfermos”

Estudió un Programa de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) y se sacó el Título Profesional Básico en Servicios Administrativos. Fue en esa etapa cuando se cruzó con una compañera que se sorprendió al conocer a Ángela “Me acuerdo perfectamente de que me preguntó cómo podía ser que no me costase relacionarme si tenía Síndrome de Down. A mí no me resultó incómoda la pregunta. Para mí es comodísimo si se pregunta con naturalidad y educación”, aclara. Aunque también recuerda alguna ocasión en la que ha tenido que lidiar con prejuicios: “En el colegio había algún compañero que era un poco chulo y sí me trató mal por tener Síndrome de Down”, recuerda. 

Aunque a lo largo del día se relaciona con mucha gente, para ella, sus verdaderos amigos son de la Fundación Down Zaragoza, entidad de la que empezó a formar parte cuando era pequeña y en la cual se apoyó para encontrar el trabajo que tanto la llena a día de hoy. Aunque a medio camino, en su etapa adolescente, como tantos otros jóvenes, también necesitó alejarse para buscar su propio camino. “Yo sentí que la fundación era como una guardería, que yo ya era mayor y que lo que yo quería era hacer cosas nuevas, que es lo que más me gusta. Así que me marché un tiempo”. Fue precisamente cuando se interesó por empezar su vida laboral, cuando retomó el contacto. “Y estoy bastante contenta de haber vuelto, hay que reconocer las cosas”, confiesa la joven, que agradece la libertad de decisión que pudo tener en aquel momento. “A una persona que esté pasando por eso le diría que tiene que ser ella la que tome la decisión. Los padres no tienen nada que ver. Hay que respetar su decisión y darle tiempo”.

“A una persona que esté buscándose hay que darle tiempo y respetar su decisión”

Aunque esta independencia se extiende a la mayoría de los ámbitos de su vida, sí reconoce que a veces necesita la ayuda de sus padres con un par de cosas: “Lo que más me cuesta es el manejo del dinero y las habilidades sociales. La teoría me la sé de memoria, pero la práctica me cuesta más y lo reconozco. Tengo que pensar y escuchar primero”, señala.

A Ángela le encanta bailar, en especial zumba y v-style, algo que hace desde hace varios años. También cantar, ir a misa -donde también canta-, salir con sus amigas y viajar. “He estado en Francia, en Inglaterra y en muchísimos sitios de España “. Aunque hay un lugar que sigue en la lista y que guarda un rincón especial en su corazón: Argentina. “Es mi sueño. Me gustaría visitar el país, ser turista. Conocer barrios, conocer su cultura. Sobre todo la capital: Buenos Aires. Porque tiene algo especial. Para mí es un sueño y una locura, te lo digo yo. Así que estoy ahorrando, porque está muy lejos”, asegura con emoción. Lo de poder explorar es una de las cosas que echa de menos desde que los viajes quedaran bloqueados a raíz la pandemia….

 

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Fuente:  www.heraldo.es (B. Trebol)


 


 

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