Santiago y Antonella resaltan la importancia de hablar sobre sexualidad, autonomía y derechos.

Octubre es el Mes de Concientización sobre el Síndrome de Down en Argentina y el mundo. Impulsado por la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA), busca visibilizar los derechos, las capacidades y la autonomía de las personas con síndrome de Down.
A través de su campaña “Ponete en su lugar”, ASDRA busca generar empatía y reflexión sobre las barreras que enfrentan diariamente las personas con síndrome de Down y sus familias en distintos ámbitos de la vida.
La sexualidad es una temática que, en general, se niega o se evita abordar cuando se habla de personas con síndrome de Down. Sin embargo, es importante hablar sobre deseo, vínculos y el derecho a vivirla. A través de estas dos historias es posible conocer cómo Santiago y Antonella viven el amor, el deseo y sus relaciones.

“Cuando me gusta alguien, soy frontal”
Santiago Demarco tiene 26 años, entrena todos los días y es actor. Se le hace muy fácil estudiar diálogos porque tiene una gran capacidad para aprender cosas nuevas. En su tiempo libre, le gusta salir con amigos y siempre encuentra personas que le parecen atractivas.

“A mí lo que más me gusta de una mujer es su vibra, que le guste la vida. Y del cuerpo le miro su cara y que tenga cintura, es muy importante que tenga cintura”, cuenta.
Santiago conoce gente nueva cuando sale con amigos a clubes de barrio, donde ya lo reconocen. De hecho, quienes trabajan allí saben que concurre con frecuencia: lo saludan y hasta le permiten pasar gratis.
“A mí, cuando me gusta alguien, soy frontal. Les digo que me gusta y ellas me contestan si les atraigo o no”.
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Cuando existe reciprocidad, se lo cuenta a todo el barrio. Le entusiasma encontrar a alguien con quien pueda compartir.
“A mí me gusta estar en pareja. Me encanta ponerme un perfume para llamar su atención o mirarla de cierta manera. Me gusta que podamos ser sinceros, para mí eso es importante”.
Tuvo parejas que le fueron infieles y se enteró porque ellas mismas se lo contaron. Santiago las perdonó, pero decidió seguir el consejo de su familia y terminó las relaciones.
“Yo hablo con mis hermanos, con mi mamá y mi papá. Les muestro la foto de la chica que me gusta. Y con mi papá hablamos de sexo. Yo sé que no hay sexo sin amor y que es algo que hacés cuando te sentís enamorado”.
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Santiago también aprendió sobre las relaciones tóxicas. Tuvo una novia que lo celaba constantemente: “Me preguntaba a dónde iba, a qué hora salía, si salía con chicas. Eso tenía que terminar”.
También sabe de qué se trata la orientación sexual. De hecho, afirma que hay personas gays dentro de su grupo: “A los hombres les gustan los hombres y a las mujeres, otras mujeres. Yo tengo amigos que son así”.
“Estamos comprometidos y nos queremos casar”
Antonella tiene 26 años y vive con su familia. Es absolutamente independiente: se mueve sola en colectivo y trabaja en un salón de eventos, donde ayuda a los niños a ponerse el calzado y colabora con lo que necesiten. De hecho, su sueño es ser maestra jardinera.
En su tiempo libre le encanta salir con sus amigos y, fundamentalmente, pasar tiempo con su novio. “Estoy de novia hace ocho meses y estamos comprometidos. Nos queremos casar, aunque la psicóloga y mi mamá nos dicen que falta tiempo”.

Se conoció con su novio durante un viaje a Córdoba que realizó con “Ilusiones”, una comunidad artística inclusiva que incluye “Tu Productora”, un proyecto para incorporar a artistas con discapacidad intelectual en la industria audiovisual. Estos viajes tienen como objetivo que puedan conocerse, generar vínculos y compartir espacios.
“Desde que nos conocimos nos pusimos de novios. Pero cuando volvimos del viaje nos dimos cuenta de que vivíamos lejos. Él vive en Olivos y yo en Lanús, así que hacemos videollamadas y nos mandamos mensajitos”.
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Su familia y su psicóloga están en constante comunicación sobre todo lo que ocurre. Incluso tienen citas, aunque siempre bajo la supervisión de otra persona, principalmente para poder asistirlos en caso de que lo necesiten.
“La última vez que salimos fue por mi cumpleaños. Fuimos a Puerto Madero. Me hizo un regalo, comimos milanesas con puré. Es muy tierno y amable. Nos acariciamos y nos damos besos. Estaba con nosotros su asistente, que nos acompañó”.
Antonella le cuenta todo a su mamá y a su psicóloga, que son sus pilares. Incluso les habla cuando siente celos. No le gusta que su novio baile con alguien más o que mire a otra persona, pero jamás le reclama. “Mi novio igual me cuenta qué pasó. Yo respiro y eso me calma”.
Su novio le preguntó si quería casarse con él y Antonella aceptó, pero su familia todavía le dice que debe esperar un poco más. También hablan de sexo tanto con su familia como con profesionales.
“Mi mamá no me pregunta, pero mi psicóloga sí. Lo que sé del sexo es que es algo que uno hace cuando está en pareja y se quiere”.
Qué dicen los especialistas
Hablar de sexualidad con las personas con síndrome de Down es indispensable porque, como cualquier otra persona, tienen derecho a ejercer su sexualidad y desarrollar su autonomía.
“Es importante que esté presente la educación sexual, poder hablar de autocuidado, de prevención de abuso, que tengan conocimiento de su propio cuerpo, que conozcan las reglas que nos regulan para poder vivir la sexualidad bajo el respeto y la libertad”, explica Lucía Otero, licenciada en Psicopedagogía, especialista en Educación Sexual Integral y colaboradora de ASDRA (MP 161031).
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Según la especialista, estos temas pueden abordarse de manera clara, cotidiana y progresiva, respetando los diferentes momentos de la sexualidad a lo largo de la vida y garantizando el acceso a información adecuada y accesible.
“Hay que fomentar la autonomía y la vivencia.
Fuente: tn.com.ar (Georgina Borges)