Nandín: Una vida con síndrome de Down que da esperanza

Fernando nació en 1950 y sus familiares lucharon por su integración desde niño. Su historia muestra cómo ha mejorado la esperanza de vida y la mirada de la sociedad.

Nandín con su hermana, Ana María RTVE CANTABRIA

Fernando, aunque casi nadie le llama así porque para todos es Nandín, tiene 75 años. En junio cumplirá 76, y su historia es especial. No solo por ser la persona con síndrome de Down más longeva de Cantabria, y una de las más longevas de toda España, sino porque su vida refleja también cómo han cambiado la perspectiva en las últimas décadas.

A Nandín le gustan las cosas sencillas. Salir a dar su paseo, escuchar montañesas en la radio, ordenar papeles o disfrutar de unos buenos churros con chocolate; pero, sobre todo, viajar. Su hermana, Ana María, con la que ahora vive, cuenta las veces que ha ido en avión o su crucero por el Mediterráneo. Sus próximos destinos serán Benidorm o Madrid. Ya cuenta los días que faltan para ir. Estos lugares forman parte de su memoria que comparte con su familia, con la que siempre ha vivido rodeado de mucho cariño.

 

«Nos dijeron que se iba a morir»

Cuando Nandín nació, hace más de siete décadas, la realidad para las personas con síndrome de Down era muy distinta. En aquella época había mucho desconocimiento, se les llegaba a ocultar en casa y las familias recibían pronósticos poco esperanzadores sobre su futuro, como el que recibió su madre. Cuando tuvo a Nandín, ella no sabía que tenía síndrome de Down, pero a los dos años, al no saber caminar y comparándolo con su hermana dos años mayor, tanto ella como su abuela comenzaron a pensar que algo iba mal. Su hermana narra, como se lo relataba su madre, que «le llevaron al pediatra y les dijo que tenía síndrome de Down y que no duraría mucho, que se iba a morir«. En ese momento, el miedo les invadió, un temblor recorrió las piernas de su madre y el padre incluso sufrió trauma, pero todo esto no pudo con ellos.

Tanto los padres de Nandín como su hermana han luchado siempre por su integración. «Era muy pillo, le gustaba hacer trastadas y siempre salir por ahí». Iba con su padre a ver el fútbol, le hacían fotografías, jugaba con las amigas de su hermana, incluso le escolarizaron en su pueblo, Vargas. «Mis padres le mandaron un año a la escuela, pero los niños no se entendían muy bien con él. Yo creo que lo del síndrome de Down no estaba muy bien visto o la gente no sabía todavía, entonces le hacían rabiar. Hoy lo llamaríamos bullying. Cuando le empezaron a dar ataques epilépticos, mi madre le sacó», recuerda Ana María, aunque cuenta que aún así llegó a aprender a firmar y escribir su nombre.

Nandín disfruta a sus 75 años del cariño y la compañía de su familia RTVE CANTABRIA

 

La esperanza de vida ronda los 60 años

Hoy la situación es muy diferente gracias a la investigación, concienciación e integración casos como el de él serán más comunes ya que cada vez su esperanza de vida aumenta más. Desde la Fundación Síndrome de Down Cantabria, su presidenta, Elisa Irureta, explica que los avances médicos y la atención es esencial pero también programas de formación, la estimulación, la incorporación a la sociedad, la participación de manera activa en todas las actividades hace que esa esperanza de vida también aumente….

 

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Fuente: amp.rtve.es (Blanca Fernández)

 


 


 

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