La historia de Charlize muestra cómo la inclusión, el acompañamiento familiar y la confianza en las capacidades pueden abrir nuevas puertas en la educación superior.

Entre cuadernos, aulas y nuevas amistades, Charlize Silesky comienza a escribir un capítulo que para ella y su familia representa mucho más que una meta académica.
Esta joven con síndrome de Down está próxima a cumplir 18 años y desde enero vive una experiencia que durante mucho tiempo parecía lejana, pero que hoy ya es una realidad: estudiar periodismo en la universidad.
Dos veces por semana llega al campus con entusiasmo. Saluda a sus compañeros, se prepara para entrar a clases y se sienta frente a sus cuadernos con la emoción de quien sabe que está dando un paso importante en su vida.
Para Charlize, este momento significa la posibilidad de acercarse a un sueño que empieza a tomar forma. También representa una oportunidad para demostrar que, con apoyo, preparación y confianza en sus capacidades, las metas pueden abrirse camino.
Detrás de este logro hay también una historia de esfuerzo familiar. Durante años, sus padres buscaron oportunidades y herramientas que le permitieran continuar su proceso educativo y enfrentarse a nuevos retos.
El camino ha requerido paciencia, acompañamiento y una convicción constante de que ella podía lograrlo.
Para facilitar su adaptación a la dinámica universitaria, Charlize cuenta con el apoyo de una terapeuta que trabaja en coordinación con sus profesores. Este acompañamiento fortalece habilidades de comunicación, autonomía y adaptación dentro del aula.
Uno de los cursos que actualmente lleva es el Taller de Expresión e Imagen, un espacio donde explora su capacidad para comunicar ideas, expresarse frente a otros y acercarse al mundo de la comunicación, el campo que hoy despierta su interés.
En estas primeras semanas también ha descubierto algo esencial de la experiencia universitaria: las amistades…..
Fuente: www.teletica.com (Johnny López)