La vuelta a empezar de Laura: «La misma noche que me quedé viuda con 32 años y una hija de 2 entendí el sentido de la vida»

Alejandro y Laura, dos viudos con tres hijos, decidieron unir sus vidas y formar una familia, que acaba de completar el pequeño Juan, que nació prematuro con síndrome de Down.

Laura y Alejandro se casaron el verano pasado, y este año han sido padres de Juan, que a sus cuatro meses ya se ha convertido en el juguete de la familia.

aura tenía apenas 32 años cuando se quedó viuda, con una niña, Rocío, de solo 2. Demasiado pronto para conocer el peso de una pérdida así, demasiado joven para imaginar que aquella vida que había construido podía cambiar de un día para otro. Y sin embargo, en medio de un dolor que le persigue incluso a día de hoy, eligió caminar hacia delante. No fue una aceptación ingenua ni una vida exenta de lágrimas. Hubo tristeza, preguntas y una ausencia que se instaló para siempre en su vida. Pero Laura vivió ya desde aquella noche que cambió su vida desde una paz difícil de explicar, pero a la que más tarde le puso palabras en Tu muerte es vida, su primer libro. «Yo era una persona felizmente casada, con una hija de 2 años, y de repente mi marido fallece de una muerte súbita. Esto fue el 18 de mayo del 2018, y ese mismo día yo tengo una conversión del corazón. Entiendo el sentido de la vida, el de la muerte, y entiendo para qué estoy aquí, por qué morimos y por qué vivimos… Yo era católica, pero en ese momento tengo un abrazo de amor del señor que no puedo explicarlo de otra manera. Entendí todo el sentido de la vida». «Lloré muchísimo, con muchísima pena, pero con muchísima paz». 

En ese mismo instante que todo parecía desmoronarse, Laura explica que las piezas del puzle empiezan a encajar. Médico de profesión, empezó a vivir de otra manera. A vivir el día a día, a disfrutar cada cosa, a entender por qué estamos aquí… «Nosotros hemos venido a amar. Da igual lo que hagas en tu vida, que si no amas, no tienes absolutamente nada que hacer. Te cambia mucho la vida, porque ves a las personas de otra manera. Yo empiezo a ver a mis pacientes con otros ojos, con los ojos de personas que sufren, que necesitan cariño, que necesitan ser mirados, atendidos…», cuenta Laura, que insiste en que esa misma noche «con su marido muerto a su lado empezó un proceso de conversión muy importante» y tuvo la necesidad de compartirlo con el mundo.

Lo hizo, primero, a través de cartas profundas, en poemas… y después en redes, a través de su perfil de Instagram. Lo llenó de amor. Y se dio cuenta de que la gente tenía mucha sed de esas palabras. Quizás la pandemia, apunta, pudo acrecentar esa necesidad. Sea como fuere, su cuenta empezó a crecer, como se crece en redes, con likes y seguidores, y Laura, que mantenía, y mantiene, su trabajo como médico de familia, recibió una oferta de una editorial muy potente que no pudo rechazar. Ese libro, que ella ya había visualizado previamente, salió a la luz en octubre del 2023. En Tu muerte es vida, Laura cuenta cómo su vida dio un giro de 180 grados, y que ese movimiento fue necesario para entender, según cuenta, que la muerte no es el final, y aprendió a vivir de otra manera: centrándose en lo verdaderamente importante. A raíz de la publicación, le hicieron muchas entrevistas, en televisión, en radio, en redes, en pódcast… Y una de esas charlas cayó en manos de Alejandro, un psicólogo gaditano, viudo y con dos hijos, que llevaba muchos años asentado en Madrid.

En ese momento, él hizo una cosa clave. Le escribió un mensaje, pero no a través de Instagram, donde podía haber quedado perdido en una montaña de chats de sus seguidores, que ya eran unos cuantos entonces. Lo hizo por LinkedIn, y como no era lo habitual, llamó su atención. Empezaron a cruzar mensajes, poco a poco se fueron conociendo. Asegura que no fue un flechazo como tal, sino que les llevó su tiempo. «Fuimos poco a poco hablando, porque también hay que entender mi circunstancia anterior, pero con el tiempo fuimos viendo que podía ser posible una nueva vida». «Yo no lo buscaba —apunta—, pero entendía que era muy joven. Y sería muy estúpido por mi parte que apareciera una bellísima persona y no fuera capaz de dar el paso de conocerlo. Pero pasaron siete años hasta que eso sucedió». 

El 12 de julio del 2025 se casaron. Él dejó su vida en Madrid, y se mudó con sus dos hijos, Sofía y Fer, que ahora tienen 15 y 16 años, a Valencia. Uno más uno sumaron cinco, y comenzaron lo que Laura cariñosamente llama «Los Serrano 2.0». Hasta entonces habían pasado fines de semana juntos, pero no fue hasta el regreso de su luna de miel cuando comenzaron a convivir. «Es una casa donde luchamos por amar, ese es nuestro lema: intentar amarnos como Dios quiere que nos amemos. Mi marido también es una persona muy creyente, y educa a sus hijos en el amor, y cuando hay amor, aunque haya diferencias, porque las hay, como es obvio, es todo un poquito más fácil dentro de la dificultad de unir a dos familias».

Laura insiste en que son una familia «normal», con sus roces, y con una peculiaridad. «Que no nos conocíamos previamente, con costumbres distintas, con unos niños adaptándose a una ciudad que no es la suya, a unos amigos… Hemos tenido mucha suerte con los colegios, y todo ha ido muy bien, el mayor reto ha sido unir a dos familias, y sigue siendo un proceso que lleva su tiempo. Pero poquito a poco y con el amor por bandera». A finales del año pasado, Laura se quedó embarazada. El pasado mes de mayo, a las 31 semanas de gestación, nació Juan, que vino al mundo con síndrome de Down, y que estuvo al borde la muerte en un par de ocasiones con pocos días de vida. «Se puso muy malito y en una de las ecografías vieron que lo tienen que sacar de urgencia. Cuando nace, yo monto una cadena de oración que se hace viralísima, y que provoca que miles y miles de personas recen por él desde todos los rincones del mundo: desde Estados Unidos a Latinoamérica. Después de cuatro meses todavía no he podido contestar a los mensajes que recibí. Gente que me dice que se ha reconciliado con Dios a raíz de la historia de Juan». Un peque que se ha convertido en el juguete de la familia, y que ya les ha dado unas cuantas lecciones en su corta vida.

En una analítica de control durante el embarazo les dijeron que había una probabilidad alta de que Juan tuviera síndrome de Down, pero prefirieron no contarlo, al menos públicamente, hasta no estar del todo seguros. Algo que no sucedió hasta mayo, cuando le tuvieron que adelantar el parto. «Cuando nos enteramos, por esos análisis, lo cogemos con alegría y con ganas de tener a nuestro hijo. A ver, incertidumbre pasas, mi marido estaba muy, muy, muy tranquilo, y yo quitando los dos primeros días, que estaba en shock, luego ya fue como esto es lo que hay. Además, tampoco lo sabíamos al 100 % porque yo no me sometí a ninguna prueba invasiva, pero había una probabilidad alta».

Apenas tiene cuatro meses, pero Laura y Alejandro ya han manifestado que no cierran la puerta a ampliar la familia. «Nosotros vivimos la vida, y lo que tenga que venir… Pero no es algo que nos planteemos ahora para nada. Nosotros vivimos el hoy. Y hoy Juan tiene cuatro meses, y no miramos mucho más». Aunque necesita sus cuidados, el benjamín de la familia está bien de salud. Mientras, Laura ya piensa cómo darle forma a esta nueva prueba que le ha puesto la vida delante, y que ha superado con nota. Prepara un nuevo libro, que saldrá a la venta el año que viene, en el que contará todo el proceso que ha vivido con el fin de que pueda ayudar a mucha gente. «Escribir el primer libro me ayudó muchísimo. Fue como cerrar una etapa. Sigo sufriendo, yo me acuerdo siempre de mi primer marido, no lo voy a olvidar nunca, pero me ayudó mucho verbalizarlo. Cada vez que releía el libro lloraba muchísimo, me sirvió mucho sacarlo, y ver que eso ayudaba a la gente. Porque mi historia no es solo para viudos, es para gente que su vida se rompe en un determinado momento por cualquier circunstancia, por pérdida de trabajo, por matrimonio roto, problemas familiares… Para todas las personas que sufren. Hay vida en la muerte, hay vida en los problemas, hay vida en el dolor… Un dolor bien enfocado es un trampolín de crecimiento personal, es una joya….

 

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Fuente: www.lavozdegalicia.es


 


 

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