Samanta Elzo, joven artista con síndrome de Down, creó junto a su madre el emprendimiento Samay Arte Inclusivo. Sus obras, llenas de color y emoción, se transforman en piezas únicas que promueven inclusión, diversidad y libertad creativa.

El arte no siempre nace en academias ni sigue reglas estrictas. A veces surge desde la emoción pura, el color libre y una mirada honesta del mundo. Así comenzó la historia de Samanta Elzo, una joven artista de 25 años con síndrome de Down que hoy inspira a través de creaciones que conectan desde lo más esencial.
Del juego creativo a un proyecto con sentido
Samanta pinta desde los 14 años, cuando su madre, María Eugenia Carvacho, decidió potenciar una habilidad que ya se manifestaba desde la infancia. “Siempre tuvo una sensibilidad especial, una forma única de expresarse a través del color”, recuerda.
Lo que partió como una expresión espontánea se transformó, con el tiempo, en “Samay Arte Inclusivo”, una pyme familiar donde el arte se convierte en un lenguaje universal, capaz de derribar prejuicios y abrir espacios de inclusión real.
Piezas únicas cargadas de emoción
Hoy, las obras de Samanta toman forma en polerones, cuadros, pañoletas y loza pintada a mano, siendo esta última uno de los productos más demandados. Cada pieza es única e irrepetible, creada íntegramente por ella.
“Llaman la atención por el color, el diseño y porque cada una transmite algo distinto”, explica su madre, destacando que el valor del proyecto no está solo en lo estético, sino también en la historia y el mensaje que acompaña cada creación.
Inclusión que se siente y se vive
Quienes conocen Samay Arte Inclusivo valoran mucho más que un objeto artístico. Valoran una propuesta que habla de diversidad, libertad creativa e inclusión, invitando a conectarse con la emoción, con lo simple y con una belleza que muchas veces pasa desapercibida en la vida cotidiana.
Aquí emerge una idea fuerza clara: el arte inclusivo no es caridad, es talento con identidad, y merece el mismo reconocimiento y espacio que cualquier otra expresión cultural.
Un vínculo que impulsa sueños
Para María Eugenia, Samanta es el motor de todo. “Ella me ha enseñado a valorar los pequeños momentos, a mirar la vida con amor y a encontrar belleza en lo simple”, afirma. Su acompañamiento ha sido clave para que su hija crezca sin límites autoimpuestos, confiando en sus capacidades y sueños.
El desafío, reconoce, no ha estado exento de tensiones: abrir espacios para personas con discapacidad sigue siendo una tarea pendiente. Sin embargo, proyectos como Samay muestran una lectura propositiva y concreta: la inclusión se construye con oportunidades reales y apoyo continuo.
Apoyo al emprendimiento con enfoque social
El crecimiento de Samay Arte Inclusivo ha sido acompañado por el Centro de Desarrollo de Negocios Sercotec Coquimbo, donde María Eugenia ha recibido asesoría gratuita para fortalecer el proyecto y postular al programa Emprende Abeja, apoyo clave en su desarrollo.
Actualmente, los productos de Samanta pueden encontrarse en Espacio Sindeland, expo ubicada en Sindempart, Coquimbo, y a través de Instagram (@samay_arte_inclusivo), donde comparten sus creaciones y el mensaje que inspira cada obra….
Fuente: www.elobservatodo.cl