Las batallas que dio Santiago Demarco, el actor con síndrome de Down que se lució en División Palermo

Santiago Demarco es actor, tiene síndrome de Down y se convirtió en una revelación de Netflix; de chico sufrió bullying e insultos en la calle; con su arte, siente que rompe tabúes; “debería haber más oportunidades para personas como yo”, reclama.

Desde chico, Santiago Demarco sabía lo que quería para su futuro. En su celular, muestra un video donde se lo ve con 7 años, corte taza y remera a rayas. Un notero de televisión le apunta con el micrófono y pregunta: “¿Qué querés ser de grande?”. Sin dejar pasar un segundo, responde: “Actor”.

Hoy, este joven de 25 años con síndrome de Down es una de las revelaciones de la segunda temporada de División Palermo, la exitosa serie de Netflix que aborda la discapacidad con una mirada lejos de los estereotipos.

En su habitación, mientras prepara el bolso para ir a un ensayo de Las Ilusiones, la compañía de teatro inclusivo que integra desde 2014, Santiago vuelve a ver ese recorte de su infancia y se ríe: “Parecía Carlitos Balá”, dice señalándose la cabeza. La entrevista se la hicieron en un canal de televisión en 2007, cuando iba al taller de actuación para chicos con discapacidad de la actriz y directora Ana María Giunta.

—¿Siempre te gustó el teatro?

Sí. Siempre dije que era lo mío. Mis viejos me llevaron a lo de Ana María y me gustó. Te cuento una anécdota chiquita. Un día ella me dijo que me vistiera de mujer y yo le respondí que no, porque era hombre. Me dijo: “Dale, boludo, ¿no te das cuenta de que es una actuación?”. Ella fue mi mentora.

 

“¡Soy el rey!”

Santiago está en la terraza de la casa donde vive con su mamá y uno de sus dos hermanos menores, en Gerli. En la calle no hay un alma: apenas un perro negro rascándose el lomo en medio del asfalto. —Este es el barrio —comenta Santi—. Al barrio no lo cambio por nada.

—¿Qué es lo que más te gusta de vivir acá?

Todo. Tengo el gimnasio a unas cuadras, hay un chino a la vuelta y voy casi todos los días. Desayuno en la estación de servicio que está acá nomás: hacen un café riquísimo y encima la chica, que me conoce, me lo prepara con un corazón. Eso me gusta: el cariño. Me conoce todo el mundo, hasta los perros. Y ahora que División Palermo es furor, me reconocen no solo acá, sino en todos lados.

De pronto, se para derecho contra la baranda de la terraza, estira los brazos como el actor Leonardo DiCaprio en Titanic y suelta: “¡Soy el rey de Gerli!”.

En ese rincón del conurbano, se siente seguro. Es el lugar donde creció. Al barrio, dice, lo lleva encima a todos lados. Hace unas semanas, mientras ensayaba El gran burgués, una adaptación de un clásico de Molière que prepara con Las Ilusiones, su profesora le marcó: “Santi, soltá el barrio. Soltalo. Esta es una obra profesional, no es el barrio”.

Él admite que tenía razón: “Yo no puedo hablar en todos lados como hablo acá. No puedo putear, por ejemplo”.

En su casa, al joven le dicen que tiene “memoria de elefante”. “Cada vez que tengo que aprender una letra, me la digo textual. Pero en la obra que estoy haciendo ahora medio que voy a improvisar: soy el rey de la improvisación”, subraya mientras pide un Uber para ir hasta Espacio Aguirre, en Villa Crespo, donde se reúne cada lunes el equipo de Las Ilusiones.

—¿Cómo surgió eso de la improvisación?

Una vez improvisé y el director me dijo: “Seguí haciéndolo porque te sale genial, la gente te ama”. Ahí dije: “Es por acá”. En El gran burgués mi personaje finge ser turco y tengo pensadas varias frases. Por ejemplo, una la saqué de la película Pantera Negra. ¿La viste? Al final, cuando se juntan todos los malos, gritan “¡Yibambe!” Yo la meto ahí. O digo esa de la canción famosa de Illya Kuryaki: “Abarajame la bañera”.

En una de las escenas de la segunda temporada de División Palermo que se volvió viral, Pablo Bianchi, el personaje que interpreta Santi, le dedica unas palabras a un compañero de la Guardia Urbana que fue recientemente asesinado: “Te dispararon y eso yo no lo voy a perdonar. Voy a meterlos presos a todos: narcos, motochorros, todo el que se me cruce. Y los voy a cargar a tiros a todos”.

Cuando lo recuerda, Santi se tienta. Cuenta que en parte nació de la improvisación. Lo de “cargarlos a tiros a todos” tiene su sello. Dice que Santiago Korovsky, el director, le dijo en más de una oportunidad: “Vos improvisá que yo te voy a ir guiando”.

—Para el casting de División Palermo se presentaron varios chicos con discapacidad. ¿Por qué pensás que te eligieron a vos?

—Porque hay chicos que no tienen buena memoria y les cuesta decir un guion completo. Yo tengo memoria y flexibilidad para un montón de cosas. Creo que me eligieron por mi desempeño actoral y mi compromiso. Estar en División Palermo fue cumplir un sueño.

—¿A qué actor admirás?

—Charles Chaplin siempre me gustó mucho. Tengo un proyecto planeado que es estudiar lenguaje corporal, para que cuando me toque hacer teatro mudo pueda expresarme sin tener que hablar.

—¿Hay algún papel que no te guste interpretar?

—Los que no son protagónicos. No me gusta hacer el secundario. Me gusta ser protagonista. Siempre.

 
 
“Al barrio no lo cambio por nada”, dice Santi, que vive en Gerli con su mamá y uno de sus dos hermanos; también se confiesa fanáitco de Independiente y muestra con orgullo los colores del club
 

Burlas, apodos y una firme decisión

El cuarto de Santi está pintado de rojo y blanco. De un perchero cuelgan una gorra, un buzo y una camiseta de Independiente. En una pared hay una foto suya en el museo de “El Rey de Copas” y dos cuadros del Club Germinal de Gerli, donde iba de chico y en el que fue ayudante de director técnico de la división 2004.

Tiene dos hermanos gemelos de 22 años: Valentino y Facundo. Uno es de River; el otro, de Boca. En la casa no hay nadie más de Independiente. Santi dice que le debe su amor por el club a una chica: Ana Laura, “una belleza” que pasaba caminando frente al Germinal con una pupera del Rojo.

—Nunca me dio ni la hora —cuenta—. Ella pasaba y yo me quedaba mirándola. Es hija de un amigo mío que mide como dos metros. Una vez me dijo: “Te acercás a mi hija y te rompo la médula”. Tranqui el padre.

—¿O sea que a Ana Laura le debés…

—La vida —responde sin dudar.

Santiago es una ametralladora de anécdotas y chistes. El humor es, justamente, lo que más le gusta de División Palermo.

—Es un humor particular.

—Sí, humor negro. Me encanta. Lo uso todo el tiempo. Es una mirada distinta sobre la discapacidad.

—¿Te gusta hacer bromas?

—Sí. Bromas pesadas.

—¿Qué otra cosa te gusta de la serie?

—Que se involucra mucho con la discapacidad y la inclusión. Porque estoy yo, hay una persona de talla baja, una persona con autismo y así. Y son todos muy grosos. También rompe tabúes. Lo dije en otra entrevista: la sociedad muchas veces dice “es un angelito”, “es un ser de luz”. No. Es una persona con discapacidad. Ese es el mensaje de la serie. A mí me han dicho “mogólico” y muchas veces lloré de angustia. Después dije: “No voy a llorar más. Yo les voy a responder”…..

 

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Fuente: www.lanacion.com.ar (María Ayuso)

 


 


 

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