La psicóloga Mariana Novao destacó la importancia de acompañar a las familias, respetar los tiempos de cada persona y generar oportunidades para desarrollar autonomía. En Espacio Wellness, conducido por Luciana Amado Siry en las plataformas de C6Digital, advirtió sobre la infantilización y sostuvo que la inclusión se construye con experiencias compartidas.

“Detrás de esa condición hay una persona, hay un individuo y tiene su historia”, expresó la psicóloga Mariana Novao durante una entrevista con Luciana Amado Siry. La reflexión atravesó una conversación centrada en el síndrome de Down, los desafíos de las familias y la necesidad de revisar las miradas que, muchas veces desde el afecto o el desconocimiento, terminan restringiendo posibilidades.
La profesional, que trabaja desde hace años en el Instituto Pequeño Hogar, puso el acento en reconocer a cada persona por su singularidad, sus capacidades y su etapa de vida, sin reducirla a un diagnóstico.
Durante la charla, la conductora de Espacio Wellness llevó al diálogo una preocupación habitual entre madres y padres. “¿Qué es lo que más les preocupa de repente a los padres?”, preguntó Luciana Amado Siry, al reflexionar sobre las dudas que aparecen ante situaciones nuevas en la crianza.
Novao explicó que cada familia atraviesa esa experiencia de manera diferente y que el acompañamiento debe comenzar con un espacio de escucha, donde puedan expresarse los temores y las expectativas.
“Es importante brindar un espacio de contención y de escucha a los padres”, señaló la psicóloga. Entre las inquietudes frecuentes mencionó cómo será el desarrollo de sus hijos, qué podrán hacer y qué posibilidades tendrán de desenvolverse con autonomía.
Frente a esas preguntas, destacó el valor del trabajo interdisciplinario, con profesionales de psicología, psicopedagogía, fonoaudiología y medicina, según las necesidades de cada persona. También insistió en evitar generalizaciones: compartir un diagnóstico no significa tener las mismas habilidades, dificultades o tiempos de aprendizaje.
Acompañar sin resolver todo por el otro
“Seguramente los padres quieren esto de que sean autónomos, los miedos de que puedan ellos valerse por sí mismos, ¿no?”, planteó Luciana Amado Siry al profundizar sobre uno de los principales desafíos familiares.
Novao explicó que el entorno cumple un papel fundamental para ofrecer oportunidades de aprendizaje. Las urgencias cotidianas pueden llevar a los adultos a resolver tareas que un niño podría intentar por sí mismo, con tiempo y los apoyos adecuados.
Por eso, invitó a trabajar la paciencia y la tolerancia a la frustración. Aprender puede requerir varios intentos y una dificultad inicial no debería convertirse en una conclusión definitiva sobre las posibilidades de alguien.
“Si yo digo ‘bueno, no, dejá, lo hago yo’, o digo ‘bueno, no puede, listo, cambiamos de tema’, yo lo estoy limitando”, advirtió la profesional al describir respuestas que pueden cerrar oportunidades.
Acompañar también implica reconocer el malestar cuando algo cuesta. Validar la angustia y la frustración, sin descalificarlas ni resolver inmediatamente la situación por el otro, ayuda a sostener nuevos intentos y fortalecer la autoestima.
El prejuicio de los “eternos niños”
Uno de los planteos centrales de la entrevista fue la necesidad de dejar de infantilizar a las personas con síndrome de Down. Novao señaló que esa mirada puede persistir incluso cuando ya transitan la adolescencia o la adultez.
“Las personas con síndrome de Down tienen un desarrollo cronológico y pasan por todas las etapas evolutivas que pasamos todos”, explicó la psicóloga. El acompañamiento, por lo tanto, debe transformarse con el tiempo y contemplar los desafíos propios de cada etapa.
Aprender a cocinar, participar de las tareas del hogar, resolver situaciones cotidianas y tomar decisiones son experiencias que pueden fortalecer la independencia. La profesional remarcó que ofrecer esas posibilidades permite descubrir y desarrollar capacidades.
Luciana vinculó ese proceso con la valoración personal y destacó la satisfacción de poder reconocer un logro propio. Novao coincidió y explicó que la autoestima se construye también a partir de esas experiencias, del reconocimiento de los avances y del acompañamiento cuando aparecen dificultades.
La inclusión se aprende compartiendo
La psicóloga también compartió su experiencia en el Instituto Pequeño Hogar, una institución de modalidad especial que recibe alumnos con síndrome de Down y otros diagnósticos.
Según detalló, la propuesta incluye actividades educativas por la mañana y talleres por la tarde, con espacios de cocina, artesanías y elaboración de velas y jabones. Estas actividades buscan potenciar habilidades, favorecer la participación social y aportar herramientas que puedan abrir posibilidades laborales.
Novao explicó que, desde que Pequeño Hogar pasó a formar parte del Instituto San Basilio Magno, hace dos años, se desarrollan actividades conjuntas entre estudiantes de ambas instituciones.
“Desde la práctica es mucho más concreta esa posibilidad de ir a la inclusión”, sostuvo la profesional. En esos encuentros, los alumnos comparten tareas y conocen distintas formas de aprender, actuar y comunicarse.
Luciana Amado Siry relacionó esa experiencia con situaciones escolares de sus propias hijas y destacó cuánto aprenden los chicos al compartir con compañeros que utilizan otros recursos para expresarse. Novao coincidió en que esas vivencias permiten desarrollar empatía y aprender a respetar los tiempos ajenos.
Herramientas para expresarse y participar
Durante la entrevista también se abordó el uso de pictogramas y otros apoyos gráficos para facilitar la comunicación. La psicóloga destacó que estos recursos pueden ofrecer alternativas a quienes encuentran dificultades para expresarse verbalmente.
“Lo que hay que buscar siempre es la forma, la estrategia, la herramienta necesaria que se ajusta a la necesidad de cada uno”, explicó Novao….
Fuente: noticiasdel6.com