Mujeres al Centro realizó su cuarto encuentro y las asistentes escucharon el testimonio de María, quien sacó adelante a sus hija con Síndrome de Down .

María Andrea Pérez es una de las beneficiadas del programa Mujeres al Centro y en emotivo discurso contó las dificultades que pasó para mantener a sus hijas, entre ellas a Judith que nació con síndrome de down.
Momentos en la vida de una mujer
“Aquí estoy para darle gracias a Dios, vengo representando a todas las Mujeres al Centro. Hoy les voy a contar un poquito de mi historia. Soy mamá de tres hijas, y una de ellas, Judith, con síndrome de down, cuando ella nació, fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Los doctores decían que tenía pocas esperanzas de salir adelante y que necesitaba una cirugía.” Con estas primeras palabras, se daban a conocer las primeras dificultades que le puso la vida.
La voz comenzó a quebrantarse, lo que se dejó escuchar por todo el lugar gracias al micrófono que aumentaba la potencia de la voz: “Yo sentía que el mundo se me venía encima, fueron días muy difíciles, de muchas lágrimas, de muchas preguntas, pero también fueron días que Dios nunca me abandonó, nunca me dejó, siempre estuvo ahí conmigo y poco a poco se fueron abriendo puertas y mi hija salió adelante.

Desde entonces mi vida cambió por completo, como mamá tenía que estar al pendiente de mis tres hijas, así busqué la manera de salir adelante, conseguí un carro muy viejito, de aquellos vochitos antiguos. En ese carro yo me movía, iba a vender comida a las obras, después empecé a vender tamales en otro lugar y gracias a eso pude sacar a mi familia.”
Un malestar le impidió seguir llevando el sustento a su familia
Todo indicaba que María había encontrado la forma para mantener a sus tres hijas y salir adelante, pero un malestar físico se presentó: “Pero el tiempo y tanto trabajo me dañó las rodillas, llegó un momento en que ya no podía cocinar como antes y me preguntaba ‘¿y ahora qué voy a hacer, de qué vamos a vivir?’. La verdad hubo un día en que sentía demasiado mal.
En medio de la adversidad, llegó una esperanza, la cual le permitió cumplir un sueño: “Un día, una de mis hijas llegó y me dijo: ‘mamá te anoté en un curso de repostería, vas a aprender otro oficio, uno que puedas hacer sentada cuando tus rodillas duelan’. Cuando escuché eso, me emocioné mucho, desde joven me gustaba comprar revistas de repostería y siempre soñé con aprender, pero nunca tuve la oportunidad porque un curso es muy caro.
Oportunidades para ella y su hija
Al llegar el programa de Mujeres al Centro, se abrió otra oportunidad, no para ella, sino para su hija Judith: “Gracias a Mujeres al Centro, ese sueño se hace realidad, y hay algo que quiero agradecer de todo corazón, mi hija Judith también tuvo la oportunidad de participar en estos programas, terminó su tercer nivel. Como mamá uno siempre tiene miedo de que a un hijo lo hagan de menos o no lo acepten por tener discapacidad, pero aquí nunca ha pasado eso, en este programa. Al contrario, siempre la recibieron con mucho cariño y respeto, la hicieron sentir una más del grupo y eso como madre no tiene precio.
Un cambio y una gran satisfacción
María reconoce que su vida cambió a partir de las capacitaciones: “Ver a mi hija aprender, convivir, sentirse incluida, fue la satisfacción más grande de este programa. Hoy puedo decir que este programa cambió la vida de las dos. Judith encontró un espacio donde fue valorada y yo encontré una nueva oportunidad de salir adelante. Hoy sé que puedo hacer algo más que tamales, sé que todavía puedo aprender, emprender y salir adelante….
Fuente: oem.com.mx (RobertoGómez)