A sus 82 años y a punto de cumplir 83, su historia es un testimonio de superación y un alegato a favor de la dignidad frente al edadismo.

Se llama Elena, tiene 82 años y en junio cumplirá 83. Es la persona con síndrome de Down más mayor de España y, probablemente, de Europa. Su historia ha sido protagonista en el programa ‘La Mañana de Fin de Semana‘ de la COPE, desde la residencia El Cabezo de la Fundación Gil Gallarre (Pozuelo, Madrid), donde vive junto a otras 24 personas mayores con discapacidad. Su caso es un ejemplo insólito de longevidad y un testimonio sobre la importancia de los cuidados centrados en la persona.
Una vida de carácter y superación
Elena llegó a la fundación con solo 18 años desde su Zaragoza natal, debido a su parentesco con el hijo de la fundadora, en una época en la que los recursos para la discapacidad intelectual eran escasos. Felipe Serrano, terapeuta ocupacional del centro, explica que su estado de salud es estable, aunque hace unos meses superó un problema respiratorio. «Hace relativamente poco, 2 o 3 años, andaba«, comenta, pero ahora se desplaza en silla de ruedas.

Fernando de Haro durante la entrevista
Quienes la conocen, como Felipe, que lleva 22 años tratándola, la describen como una mujer «de armas tomar» y con un gran carácter. Su comunicación es principalmente no verbal, pero muy clara. «Es contundente«, afirma Serrano, explicando que expresa sus deseos negándose, gritando o apartando la mano. «Te escupe la comida directamente, a lo mejor no tiene un lenguaje«, añade para ilustrar la fuerza con la que manifiesta sus preferencias.
La clave: cuidados basados en la persona

Carolina Reviejo, responsable de la residencia, asegura que el secreto de su trabajo se basa en «esa vinculación con las personas, ese cariño que compartimos con ellos«, un compromiso que considera la base fundamental del cuidado. Este vínculo permite al equipo entender las necesidades de cada residente, incluso cuando la comunicación verbal es limitada o inexistente.
Para ello, el equipo se apoya en tres pilares: «tener en cuenta el pasado de la persona, el presente y el futuro«, detalla Felipe Serrano. Utilizan métodos como los «relatos de vida» para conocer sus gustos y adaptar las actividades. «Sabemos que le encanta la virgen del Pilar«, dice sobre Elena. Por eso, a veces le ponen jotas, su música regional, para facilitar tareas diarias: «hemos tenido que llevar, incluso, al baño con las jotas de fondo«, confiesa.
Todo el mundo aportamos a la sociedad, todo el mundo, solo con el hecho de existir»
Una lección de vida contra el edadismo
Frente a la idea de medir el valor de las personas por su «productividad», Felipe Serrano se muestra tajante. «Me parece que que es un término bastante subjetivo«, opina. Para él, la aportación de Elena es inmensa: «Todo el mundo aportamos a la sociedad, todo el mundo, solo con el hecho de existir«. Su legado, afirma, es una lección para todos los que la rodean: «Para mí ha sido mi profesora«, concluye….
Fuente: www.cope.es (Ignacio Juanilla Bernardo)